30 de junio de 2014

¿A quién le importa?


A nadie le importa que nunca quiera ir a clase. Que, si voy, siempre vuelva a casa llorando y sin ganas de hacer nada. Que mi piel esté continuamente sembrada de moratones que bien podrían confundirse con el arcoiris. Que no quiera relacionarme con otros chicos de mi edad y prefiera dedicar mi tiempo a estar a solas conmigo misma.

Lo peor es que siempre soy yo la culpable. Da igual lo mucho que grite o proteste, que quienes pueden hacer algo por parar este infierno nunca hacen nada. Hasta el director siempre dice que es por mi culpa. Es culpa mía ser diferente, ¿verdad? Por eso me merezco que me insulten, me tiren del pelo, me escupan, me peguen y me hagan sentir inferior a ellos día sí, día también.

Pero no os preocupéis. Papá, mamá, profesores, director… Se acabó. He intentado explicaros lo que sucede de mil formas distintas y solo he recibido un millar de maneras diferentes de ignorarme. No os importa lo que me pase ahí afuera y tampoco es que yo os importe mucho, así que hasta aquí he llegado.

¿Sabéis que es lo peor? Que cuando leáis mi “Perdón por la sangre” seguro que ya no os resulta indiferente, hipócritas de mierda.

28 de junio de 2014

El caso del tendedero


Sé que esta entrada de blog no tiene absolutamente nada que ver con escribir. Por eso he tenido que ponerlo en Off-topic. Y de hecho, si no pudiera sacar una reflexión de esto, ni siquiera me molestaría en escribirlo. Pero es el tipo de cosas que demuestran que aún nos queda mucho para llegar a esa igualdad con la que tanto nos sermonean día sí y día también.

Como prolegómeno a esta entrada, voy a hacer un pequeño resumen de las diferencias culturales que he notado entre Francia y España desde que estoy aquí
  • Mientras que en España no tenemos ningún complejo para importar carne, en Francia son muy quisquillosos con ese tema. Solo quieren carne francesa porque temen que todo se descontrole, como cuando sucedieron las vacas locas.
  • En España puedes encontrar fácilmente libretas de muchos tipos y patrones. En Francia solo se estilan los cuadros y los seyès, que vendrían siendo una cosa así. Ni rastro de las libretas de una línea, oye...
  • En España, si no nos gusta beber el agua tal cual, nos aguantamos y se acabó. Pues aquí venden siropes y tés para un regimiento. Eso sí, aquí no busques té frío. Misión imposible.
  • En España podemos estar en la calle hasta las taitantas sin complejo. En Francia lo habitual es que la gente se vaya a casa incluso antes del anochecer.
  • Y la diferencia que me incumbe: lo normal en España es disponer de una lavadora en casa. En Francia es más bien la excepción.
Y aquí es donde comienza todo. Si no tienes lavadora, como la gran mayoría de la gente, tienes dos opciones: o ir a una lavandería a lavar, lo que implica estar dos horas delante de la lavadora como un pasmarote (¡vivan las consolas portátiles!); o bien lavarla tú mismo en tu casa con un barreño grande, estando la ropa en remojo el tiempo que te indique el fabricante del detergente que uses. Así que por comodidad y economía hemos optado por la segunda opción.

La cuestión es que, al lavar así la ropa, cuando la vas a tender, por mucho que la retuerzas y la escurras, siempre va a gotear, aunque sea un poquito. Esto combinado con que los tendederos normalmente suelen colgar del balcón, hace que la calle se moje un poquito. Y ahora empieza el problema.

La gente se queja.

¡Corrijo! Los hombres se quejan.

Llevo casi cuatro meses viviendo aquí. Y he hecho muchas coladas. Bastantes. Y por mucho que me esfuerzo en dejar la ropa lo más escurrida posible antes de tenderla, lo más normal es que siempre aparezca algún señor quejándose de que la ropa gotea.

Al principio me lo tomaba con humor. "Il fait chaud, il fait chaud", les decía. Y lo cierto es que hace un calor infernal. Pero cansada de esforzarme y recibir quejas hasta de señores que iban en coche, hoy he acabado harta. Tan harta que hasta mi cuñada me ha oído decir unos improperios bastante fuertes. Aunque yo tenga toda la razón del mundo.

Como bien he hecho notar, en ninguna ocasión una fémina ha protestado por tender mi colada. Ni una sola. Y eso que ha habido ocasiones en las que admito que la colada estaba empapada. No por gusto, sino porque tengo un problemilla en la muñeca derecha y como haga más fuerza de la cuenta me empieza a doler horrores. Pero os aseguro que mi mano no tiene nada que ver.

¿A dónde pretendo llegar? Fácil. Si estas personas se me han quejado es porque, casi con toda seguridad, no han lavado nada a mano en su vida. Y cuando digo nada es NADA. No sé cómo serán estas personas en sus casas ni cómo tratan a sus novias, mujeres, madres o lo que sean, pero una cosa sí que puedo afirmar al respecto: ellas les lavan la ropa. 

Os voy a poner en antecedentes de lo que ha pasado hoy. Yo tendía mi colada, asegurándome de que estuviera lo más escurrida posible, tarea que no me ha resultado complicada porque las prendas eran de tela fina y son más fáciles de trabajar. Pues, justamente, cuando había terminado de colocar la última prenda, el vecino que vive en la planta baja se ha puesto a gritarme en la calle porque, según él, la ropa goteaba.

Traté de razonar con él, explicándole que en comparación con otras ocasiones la ropa no goteaba, y que aunque fuera así yo no podía escurrirla más por el problema de mi mano. Pues hasta que no consiguió que media calle se asomara a sus respectivos balcones a ver lo que sucedía no se quedó satisfecho. Lo que más me dolió fue que pretendía obligarme a quitar toda mi colada. Eso no sería para tanto si, aparte, justo cuando terminó de increparme, se fue a solo Alá sabe dónde. ¡Mandagüevos!

¿Qué demuestran todos estos hechos? Que se ve que aún hay muchísima gente que no se reparte las tareas del hogar. Entiendo que lavar a mano es una tarea pesada y algo desmotivante, pero hay que hacerlo. O eso o vas una semana con la misma ropa, con su consiguiente complejo de dibujo animado y su posible mal olor. No es fácil, pero si mi chico puede y comprende esto que estoy escribiendo, cualquiera puede.

Así que, a la próxima que alguien proteste por la ropa que he tendido, le invitaré muy amablemente a que venga a mi casa y que escurra la prenda en cuestión en mi baño. Le daré un té si quiere, pero que esa persona compruebe por sí misma que no es fácil dejar la colada lista. Que quejarse es muy fácil, pero actuar no lo es tanto.

25 de junio de 2014

Premio "Liebster Award"


Hace un tiempo me dieron un par de premios en el blog, pero entre una cosa y otra no me he puesto en serio a publicarlos. Sí, ahora que parece que tengo tiempo y motivación, voy a ir haciendo las cosas que tengo pendientes. Si no fuera tan procrastinadora... Ains...

Antes de empezar, me gustaría darle las gracias a Linda Ravstar y su blog, donde podréis ver toda suerte de relatos. De hecho, si no me hubiera avisado de que me había dado algunos premios ni me habría enterado. Si es que eso de salir de mi burbujita es una asignatura que tengo pendiente.

Sin más, voy a explicaros las reglas y a responder la ronda de preguntas que ha dejado preparado Linda para quienes hemos recibido este premio de su parte.

Reglas
  1. Agradecer al blog que te ha nominado y seguirlo.
  2. Responder las 11 preguntas que te han hecho.
  3. Nominar a 11 blogs que tengan menos de 200 seguidores.
  4. Avisarles.
  5. Realizar 11 preguntas a los blogs que has premiado.
Preguntas 

1. Prefieres leer libros en primera, segunda o tercera persona? Si escribes, ¿cuál prefieres? ¿Por qué?

A la hora de leer, prefiero los libros en primera persona, ya que me ayudan a vivir y sentir las cosas como si fuera el protagonista. En cambio, a la hora de escribir, no tengo una preferencia clara. Lo cierto es que he escrito de todo un poco dentro de todas las personas, aunque si hay algo que gana es la tercera persona. No hay nada como un buen narrador omnisciente para mí.

2. ¿Qué te hizo amar la lectura? Si escribes, ¿qué te hizo comenzar?

Cuando era pequeña yo no podía tener videoconsolas ni nada parecido por la economía de mis padres. Así que como entretenimiento y vía de escape del lugar en el que vivía, me dedicaba solo a leer. De hecho, mucha gente no se creía que me leyera realmente los libros, porque los devoraba. Eso sí, con los años me he ido volviendo más tiquismiquis para escoger lecturas. Es lo que tiene haber leído mucho desde niña y tener un gusto demasiado definido, tal vez.

En cambio, lo que me hizo empezar fue la curiosidad. Y gracias a esa curiosidad sé que me gusta escribir. Lo gracioso es que en su momento fue un foro de Pokémon, pero estoy segura que si eso no hubiera pasado hubiera encontrado una forma u otra de llegar a mi curiosidad.

3. ¿Qué tipo de personajes son tus favoritos?

Lo cierto es que tengo una frase para definir a mis personajes favoritos: "perfectamente imperfectos". No me gustan esos personajes que son tan requeteperfectos que dejan de ser creíbles. O peor: resultan odiosos. Prefiero que tengan cualidades que los hagan humanos. Aunque sean despreciables. Pero que la forma de ser resultante sea cercana a cómo sería alguien real. Ese es el tipo de personajes que me gustan.

Claro que también hay gente más simple y simplemente los llama atormentados. Como si todos no estuviéramos lo suficientemente atormentados por unas cosas u otras.

4. ¿Sueles escuchar música al leer o escribir? Si es así, ¿qué tipo de música?

Sí que lo hago, sobre todo para escribir. Para que os hagáis una idea, suelo escuchar sobre todo a Mandragora Scream, mi grupo favorito. Y cuando no me apetece por la ambientación de la historia, siempre suelo buscar remixes de canciones de videojuegos, especialmente Castlevania, Pokémon y Final Fantasy, que vendrían a ser mis sagas favoritas. Y sí, también me gusta escuchar las OST.

Por si las dudas, los links que he puesto llevan a canales de Youtube donde vais a encontrar lo que suelo escuchar.

5. ¿Qué opinas de la descarga de libros que tienen derechos de autor?

Por como está planteada la pregunta, imagino que te refieres a descargas ilegales, ¿cierto, Linda?

Guste o no, hay que aceptar un hecho: la piratería siempre ha existido y siempre existirá. De unas formas u otras, pero va a estar presente en mayor o menor medida. Entiendo que algunos países quieran criminalizar este acto y que determinados autores se vuelvan auténticas bestias infernales cuando se les saca este tema. Lo comprendo, pero no lo comparto.

La piratería es algo que no se puede erradicar, pero que se podría disminuir si la industria (editorial, en este caso) pusiera precios razonables a sus productos. El escritor es quien más trabaja y quien menos beneficios se lleva. Triste, ¿cierto?

Así que mi opinión se puede resumir en esto: si por mí fuera, yo pagaría por absolutamente TODO lo que descargo. ¿Qué pasa? Damas y caballeros, considero abusivo que te hagan pagar lo mismo por un libro digital que por uno físico. Veréis, al vivir en un país cuya lengua aún no domino lo suficiente como para atreverme a leer (¡y mucho menos escribir!), las opciones de mirar en bibliotecas o librerías de segunda mano se vuelven prácticamente nulas. Así que si quiero leer algo sin renunciar a esa mala manía de comer todos los días, no me queda otra que descargar libros.

Lo triste es que sé que no soy la única que se ve obligada a hacer esto. Tal vez porque el tipo de literatura que leen suele tener precios prohibitivos. Tal vez porque ese texto no ha llegado traducido. O simplemente por encontrarse en una situación como la mía, que es una mezcla de ambas. Quienes descargamos no somos unos ladrones, somos personas que queremos tener cultura pero que no tenemos medios pecuniarios para ello.

6. Recomiéndame un libro. ¿Por qué te gustó?

Llamadme cansina, pero yo siempre recomiendo El necrófilo de Gabrielle Wittkop. Soy consciente de que la necrofilia es un tema muy delicado y complicado de tratar. No obstante, en este libro no resulta repugnante. ¿Por qué? La narración en primera persona es sublime. Aparte, que el texto tenga forma de diario y no sea muy extenso ayuda a su lectura aunque la temática acabe por resultar asquerosa. No en vano, por mucho sexo que haya, yo ni loca incluiría ese libro en una colección erótica. Pero para gustos, colores.

7. ¿Cuál es el género (romance, distopía, histórica, etcétera) que menos te agrada? ¿Por qué?

Romance. Sintiéndolo mucho, pero NO. Puedo incluir romance en pinceladas o hacer relatos cortos. ¿Pero escribir un libro romántico? Jamás de los jamases. No me gustan para nada las historias de amor, sus triángulos amorosos, sus personajes femeninos tan endebles y dependientes y sus personajes masculinos, una oda al machismo. A mí dejadme tranquila con mis vampiros, mis castillos y mis gatos. ¡Por favor!

8. ¿Crees que los escritores deberían utilizar un lenguaje neutro al escribir o deberían mantener las palabras y modismos de su zona geográfica? ¿Por qué?

En mi caso, pienso que hacerlo sería un terrible error. De hecho, me imagino a alguno de mis personajes pidiendo unas cotufas y no solo no me lo creo, sino que además lo encuentro extremadamente ridículo. Todo depende del tipo de historia que se pretenda contar, pero por lo general conservar esas palabras y modismos puede empañar lo que se quiere narrar.

9. Tu época del año favorita para leer y/o escribir. ¿Por qué?

El otoño. Es una época fresca y muy inspiradora. Las hojas caen, los días empiezan a acortarse, se vuelve a la rutina... Creo que me gusta mucho por eso.

10. ¿De qué libro te hubiera encantado ser el autor/la autora? ¿Por qué?

La divina comedia, de Dante Alighieri. Solo la parte del Infierno, si no es mucho pedir. Sí, sé que es aspirar muy alto, pero me hubiera encantado crear ese lugar de tormento.

11. Planea el asesinato y el suicidio de tu personaje favorito.

Lo justo sería que os presentara a grandes rasgos a Leonardo. Y no, no me refiero a mi gato, que también se llama así. Con esto, ya puedo escribiros.

Si lo asesinaran, estoy convencida de que, por una razón u otra, moriría a causa de una estocada mortal. Para que os hagáis una idea, la muerte de Aeris a manos de Sephiroth. Por detrás, desde arriba y de sorpresa. A manos de algún villano.

En cambio, si se suicidara, me imagino a este señor exponiéndose a la luz del Sol. Sin remilgos ni nada impropio de él. Esperar al amanecer y se acabó.

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Después de estas preguntas, me gustaría poder nominar algunos blogs, pero honestamente, no conozco ningún blog que no haya recibido el premio, así que perdón por quedarme en blanco. ¡Lo siento! Me sabe horrible, de verdad. Seguro que más adelante podré dar premios. Todo es cosa de ir mirando y conociendo blogs que verdaderamente me gusten.

21 de junio de 2014

Qué bueno que estoy


¡Ojú, qué calor! ¿Pero cómo es posible que haga este calor en junio? Madre mía, que un poco más y no me puedo ni levantar de la silla. De hecho, si no fuera una idea horrible comer ramen, iría al Felisano. Esta pereza que tengo no es ni normal, vaya…

En fin, por muy entretenido que sea este juego, debería ir a por agua fresca. Porque ni loco bebo yo la del grifo. La última vez que lo hice… ¡Quita, quita! No quiero ni acordarme.

Después de una encarnizada pelea entre mis sonrosadas posaderas y mi silla, me dirijo hacia el baño. No creo que sea buena idea que baje a por agua fresca en calzoncillos. No por mí, ojo. Valencia, tierra de naranjas… Y de pervertidos. Las mujeres tampoco se salvan, para mi desgracia.

Me remojo la cara como puedo, y ya que estoy, me aseo un poco. Y tras eso…

¡Guau, qué bueno que estoy!

Me veo en el espejo y es que me echaba nata y me comía entero. No dejaba ni los huesos. ¡Ni el tuétano! No sé si serán estos calzoncillos, que me quedan ajustados y me realzan. Tampoco sé si mis comidas únicamente basadas en ensaladas y cosas frías y ligeras tendrán algo que ver. O lo mismo es cosa de que mi habitación es una sauna, por mucho que tenga el ventilador apuntando hacia mí. La cosa es que estoy hecho un adonis y me gusta verme así. Si hasta parece que me puesto un poco cachas y todo.

Bueno, que me desvío. Que estoy potentorro. Pero no lo digo por consolarme. Si es que me empotraba y a ver luego quién me desencajaba de la cama. De hecho, me gusta tanto la imagen que me devuelve el espejo que paso de vestirme. Total, no creo que el agua huya por piernas porque tarde cinco o diez minutos más… ¿Verdad?

Justo cuando andaba más entretenido observando mi cuerpo, me percato de la existencia de un pequeño bote de aceite corporal. Sinceramente, yo no me suelo echar esas pijadas, pero en estos momentos me apetece tanto verme de la forma más sensual posible que no puedo evitar tomar el frasco y echarme un buen chorro en el pecho. ¡Lo siento, mamá, pero mi autoestima es más valiosa!

Muchos me rechazarían por tener los pectorales lampiños. Que sí, que los osos están muy bien y que donde hay pelo hay alegría, ¿pero y lo bien que me queda a mí no tener ni un pelo? Me queda tan bien que hasta parece que me hago la depilación láser. ¡Las ganas mías! Antes me compraba una Xbox One, fíjate…

Al final, con la tontería de embadurnarme con el aceite corporal me he quedado pegajoso. Si es que solo a mí se me ocurre untarme con grasa estando ya sudado y enguarrinado perdido. ¡Soy un caso!

En fin, tendré que aguantarme y meterme en la ducha. Así que no me queda más remedio que coger mi champú y mi desodorante para ir por la vida oliendo a machoman, quitarme los calzoncillos y… ¡Ay! ¡Si es que estoy más bueno que el pan!
Nota de autor: este es el escrito que he hecho para el ganador de mi concurso. La verdad es que me he divertido mucho con la idea que me has dado. ¡Ah, y feliz cumpleaños, Max! Por cierto... Perdón por preferir a un superhéroe antes que a un niño gordo jugón :P

17 de junio de 2014

Capítulo 15 - El experimento


Si llevas un blog literario y piensas que nadie lee lo que escribes porque simplemente no sueles recibir comentarios, me alegra poder decirte que, casi con total seguridad, estás equivocado. Y lo mejor es que esta afirmación se puede extender a cualquier tipo de contenido en Internet.

¿Por qué empiezo este post con una afirmación tan machacante? Porque de eso va el asunto. Una prueba improvisada que me ha servido para ver, o al menos intuir, el alcance que tiene mi blog. Por lo menos entre mis seguidores de mi cuenta personal de Twitter.

Os pondré en antecedentes. Suelo entrar al panel de Blogger a diario, puesto que es donde puedo leer las nuevas entradas de los blogs que sigo. Pues hoy, cuando he mirado, he observado que apenas me quedaban unas sesenta visitas para llegar alas 8.000. Bonito número, ¿verdad? Pues ni yo misma sé como, se me ocurrió la, llamémosla, idea. O experimento. O concurso. O todo a la vez.

Una vez que tuve en mente la mecánica básica, aparte de poner un bonito contador para que el agraciado pudiera probar su suerte con un screenshot, conté en mi cuenta personal esa misma mecánica. Simplemente establecí que había que visitar mi blog. A cambio, el visitante 8.000 recibiría un escrito mío de unas 500 palabras, aproximadamente. Obviamente, eligiendo él la temática a tratar u otros aspectos deseados.

¿Cuánto tardé en tener un ganador? Pues más o menos unas dos horas desde el momento en el que expliqué la mecánica hasta que recibí el pantallazo del ganador. ¿Mis conclusiones? Puede que para blogs con más afluencia de tráfico dos horas para sesenta visitas resulte una cifra decepcionante. Pero, en mi caso, puedo decir que es una buena cifra. Eso demuestra que, al menos en mi perfil de Twitter hay gente interesada en lo que escribo aquí. Y aunque no lo parezca, lo agradezco mucho.

Así que blogueros y blogueras del mundo, no os desaniméis si veis que no os suelen dejar comentarios pero sí que suben las visitas. Eso no quiere decir que lo que hacéis esté mal. Simplemente, en muchas ocasiones, quienes estamos detrás de la pantalla somos algo tímidos para comentaros algo. Sí, aunque estemos protegidos por toda suerte de cacharrería informática. Solo esforzaos en lo que hacéis, que ya llegarán las recompensas a su debido momento.

¡Ah! Aún no sé sobre lo que debo escribir, pero os aseguro que en cuanto lo tenga listo lo voy a publicar aquí. Y creo que no va a ser la primera vez que haga esto. Claro que a la próxima avisaré con tiempo suficiente y organizándolo mejor. Estad atentos, si queréis.

15 de junio de 2014

Reto ¡Yo escribo! [8ª pregunta]

¡Por fin la última entrada del reto! Sí, sé que he procrastinado demasiado con ella. La verdad es que me avergüenza un poco el haberlo dejado tanto tiempo, pero tengo una razón para ello. No sabía cómo responder sinceramente a esta última pregunta.

¿Qué autoras y autores recomendarías?

Confieso que inicialmente iba a hablar de esos autores serios por los que hoy estoy aquí. Aunque la lista se iba a terminar reduciendo a uno solo y que encima no necesita publicidad alguna. Os dejaré en la intriga.

No obstante, para bien o para mal, esta pregunta permite una respuesta libre. O muy libre, viendo como lo explica Eleazar en su blog. Siempre y cuando hayan sido una influencia positiva, se les puede citar y contar por qué los recomendamos.

Puede que os decepcione, porque este post va a ser cortito. Pensándolo muy bien, solo tengo una recomendación que hacer, y no me faltan los motivos para ello.

Mi recomendación va derecha al grupo de Facebook "Cómo triunfar en la literatura sin morir en el intento". A todos y cada uno de sus miembros. Gracias a ellos puedo decir que he aprendido muchísimas cosas que antes ignoraba por completo o bien sabía muy de pasada. Hemos debatido de asuntos que me han ayudado a crecer tanto como proyecto de escritora como persona y, sobre todo, hemos compartido una pasión en común: escribir. Así que, sin lugar a dudas, mi recomendación va para todos ellos. Porque son unos campeones y se lo merecen.

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Aquí doy por finalizado el reto. He procrastinado demasiado para responder algunas preguntas. De hecho, hay una que voy a tener que modificar porque ya no tengo el mismo sitio de trabajo que antes. Pero yo me siento muy contenta con el resultado, porque el objetivo principal lo he conseguido, que ha sido enseñar un pedacito de mi mundo como (pseudo)escritora. Lo mejor es que como esas entradas se van a quedar aquí, cualquiera que quiera conocerme mejor podrá hacerlo solo leyéndolas. De todas formas, teniendo en cuenta mi forma de escribir en el blog, eso no va a ser demasiado complicado. ¿Os animáis vosotros a hacer este reto?

10 de junio de 2014

¿Un libro en nueve días?


En internet hay todo tipo de charlatanes. Sí, gente que afirma tan tranquila que las Nintendos son cosa del demonio, que puedes adelgazar bebiendo cerveza, que las Islas Canarias pueden independizarse en forma de islas-estado, que los humanos y los gatos estamos hechos para ser veganos o bien que un tabloide no necesita tetas. Pero si hay un tipo de supercherías que no soporto son las que afirman que puedes escribir un libro en tiempo récord.

Es cierto que estos posts abundan en la red, pero hoy me he topado con uno que merece ser desmenuzado punto por punto, porque la cantidad de magufadas es, cuanto menos, increíble. Para los interesados en el post original, se titula Técnicas para escribir un libro sin tener tiempo y cómo escribí el mío en 9 días y está escrito por Carlos Bravo, un emprendedor en el mundo del marketing a través de internet, según he averiguado tras una leve sesión de visilleo.

Para facilitar la comprensión de todo lo que voy a exponer, voy a citar párrafos enteros del artículo. En caso de duda, os he facilitado el link del artículo original. Para que veáis que pretendo ir con la verdad por delante. Dicho esto, allons-y!
Desde que llegue a España me sorprende la imagen que te aporta haber escrito un libro. Con lo fácil que es. Te pones a redactar palabra tras palabras y si no paras llegará el momento donde lo habrás conseguido. Si un alemañol como yo puede escribir un libro, tú también.
Este concepto de "escribir un libro" me resulta inquietante. Según veo, este señor entiende el acto de escribir un libro por coger, sentarse, empezar a juntar palabras sin ton ni son y, ¡hala, ya tienes un libro! No, hombre, no. Hacer eso no es escribir un libro. Eso es juntar palabras. Y de juntar palabras a escribir algo con fundamento hay un trecho, y bastante generoso. Es como pasa en el mundo de la música. Si juntas un par de notas, un ritmo constante y una mala letra casi seguro que obtendrás reggaeton. En cambio, si te formas y mezclas notas de una forma armoniosa, seguramente obtengas una canción mucho más apetecible al oído. Pues con los libros pasa igual.

Efectivamente: escribir un libro no es tan fácil como lo pintan. De ahí que se tenga tanto respeto a quienes lo han hecho de forma exitosa, ¿verdad? Porque escribir requiere de un esfuerzo que no consiste solo en ir uniendo palabras de una forma armoniosa. Pero eso me lo dejo para más adelante.

Por cierto, bonito neologismo. Alemañol. Tal vez yo debería adoptar para mí misma el término canagabacha. Pero con mis palabras empezadas en regi- ya tengo más que suficiente.
Parece que ser autor tiene algo milagroso para aquellas personas que no lo han hecho todavía. En realidad es únicamente una prueba oficial de una cosa: sabes escribir. Si lo piensas bien tampoco lo es al 100% porque lo puede haber escrito cualquier persona para ti.
Este párrafo es de esos que lees, relees y el primer impulso que tienes es ir a levantarte a buscar una tila bien cargada. "Sabes escribir". Pero... ¿Qué es escribir? Si nos referimos al acto mecánico de coger un lápiz y hacer grafías, creo que a casi todo el mundo le enseñaron en preescolar y le dijeron algo así como: "La M con la A es MA". Si hablamos de ese acto, efectivamente, el señor Bravo tiene razón. Todos sabemos, de mejor o peor manera. Pero saber escribir la grafía de las letras no implica que todos sepamos escribir un libro.

Dicho en un ejemplo de los míos: podemos saber cuál es la receta de una tortilla de papas y los utensilios de cocina que necesitaremos para hacerla. Pero aun poseyendo estos conocimientos, nadie nos asegura que sepamos hacer este plato. Que sí, que puedes tener experiencia (o suerte) y te puede quedar una tortilla deliciosa. Pero también te puede suceder que se te queme por un lado, que se rompa y acabe siendo revuelto de papas, que no esté del todo hecha... ¿Y por qué? Fácil. Porque seguramente no sabemos hacerlo.

¿Cuál es la solución? Aprender. Y tanto en la cocina como en la literatura, la mejor forma de aprender es haciéndolo. Sí, al principio serás torpe y tu técnica será algo tosca. Pero, poco a poco, irás consiguiendo resultados. En nueve días no, por supuesto. Esto es una carrera de fondo, y cuanto antes te mentalices de ello, mucho mejor.

Pero bueno, no voy a estar crucificando al autor por todo lo que diga. Me resulta un acto digno y sincero que admita la existencia de los negros. Sí, esos que escriben para determinado fulanito para que ese citado fulano se lleve toda la gloria y gran parte de las ganancias.
Vayamos al grano del post. Si has aterrizado aquí es porque te interesa escribir un libro o leyendo el título te ha atraído la idea de hacerlo dentro de un futuro. Para empezar te tengo que decepcionar. La parte del título en el que dice “si no tienes mucho tiempo” no significa que sea algo rápido o que no requiera esfuerzo. Es más bien lo contrario.
Me atrevo a afirmar sin exagerar un ápice que este es el mejor párrafo de todo el post. Un hecho con el que no puedo estar más de acuerdo. Escribir un libro, o al menos hacerlo bien, requiere de tiempo y esfuerzo. Pero ojo, ese tiempo y esfuerzo se han de invertir en cosas que, al final, veréis que no menciona por ningún lado.
Encontrar huecos en la agenda: ya no van a existir los tiempos de descanso. Un viaje en el tren, una cita en el médico o esperar que te toque en tu peluquería son tiempos perfectamente aprovechables para trabajar en los capítulos de tu libro.
Vale, hay gente afortunada que puede concentrarse en estos sitios, sacar el netbook o la libreta y ponerse a escribir en serio. Pero hay otros muchos que no tienen tanto poder de concentración y prefieren usar estos "ratos muertos" para pensar en las ideas de su libro e irlas enlazando. Porque, seamos sinceros, escribir un libro con pretensiones literarias no es fácil. Debes poseer unos buenos personajes, un argumento que enganche, una estructura que ayude al lector a devorar con gusto las páginas del libro... No es algo tan sencillo como para ponerse a ello mientras esperas tu turno en la peluquería.
Tomarte unas vacaciones: no serías el primero que se toma unas vacaciones para trabajar en la redacción de un libro. Si te cuesta concentrarte en esos minihuecos de tiempos muertos que te da el día a día tienes que bloquearte unos 10-14 días para lograr tu objetivo.
Bien, de acuerdo, pero la pregunta es... ¿Alguien conoce algún buen libro que haya sido escrito en dos semanas? Me refiero solo al lapso de tiempo que se necesita para tener el primer borrador listo. Desgraciadamente, los pocos ejemplos que se me vienen a la cabeza suelen ser recopilatorios de relatos de muchos autores o bien best sellers. ¿Pero libros que impliquen un auténtico esfuerzo? Me temo que dos semanas no es tiempo suficiente para escribir un buen libro.
Sacrificar el tiempo libre: olvídate de ver la tele, leer libros o simplemente no hacer nada. Los tiempos libres ahora valen oro. Si quieres lograrlo tienes que pagar un precio durante un tiempo. Nada es gratis.
¿Nunca os ha pasado que, tras un tiempo escribiendo, os sentís tan saturados que tenéis el impulso de levantaros de la silla e ir a la cocina a por un café y desconectar? Si no os ha pasado ni una sola vez, permitid que dude de vuestra humanidad. A veces tener algo de tiempo libre es necesario. Como cuando nos decían en el colegio que por cada hora de estudio tenemos que descansar unos cinco minutos. ¡Hasta las propias videoconsolas te dicen que descanses un poco por cada hora de juego! Si hasta las cosas que ocupan nuestro tiempo libre nos piden descansar, ¿por qué escribir iba a ser menos?

Añado, como magufada suprema, esa prohibición de leer. Si pretendes escribir, leer es necesario. ¡Y no me valen las etiquetas del champú mientras estamos en el baño! Hay que leer libros. Abarcando toda la variedad posible. ¿Por qué? Porque así veremos cómo se desenvuelven otros autores haciendo uso de los distintos elementos que podemos usar para enriquecer nuestra narrativa, como giros en el argumentos, estructuras lingüísticas, organización del texto y la trama... Un texto complejo se puede desmenuzar en muchos elementos que seguramente acabemos utilizando para escribir un libro. Adaptándolo a nuestra forma de escribir, sí, pero usaremos esa teoría para pasar a la práctica. ¿Veis por qué es tan importante leer? ¿Cómo se le puede pasar por la cabeza a un proyecto de escritor el olvidarse de leer?
1. Crea sinergias con tu blog: crear un blog es la manera más sencilla para convertirte en autor de un libro. Existe un potencial de sinergias brutal dado que puedes utilizar contenido existente de tu blog sin necesidad de tener una mala conciencia por ello. Un libro es una forma estructurada y editada para seguir pasos lógicos del contenido que aportas. Aporta orden al “caos” que tiene un blog y simplifica el aprendizaje.
Vuelvo a recordaros los nueve días a los que se refiere en el título del artículo. Por mucho que lleves una temporada dedicándole un ratito a tu blog, nueve días no son suficientes para nada. Después del proceso de escribir en sí, hay que dejar pudrir el texto para alejarnos de él y poderlo corregir nosotros mismos con mayor eficacia. Desprendernos emocionalmente de él, vamos. También hay que hacer una buena estructura e incluso volverlo a corregir. Nunca hay suficientes correcciones, pienso yo. La cuestión es que en nueve días no se puede tener preparado un libro por mucho que provenga de varios artículos de un blog. Si se quiere hacer bien, se necesita meticulosidad. Y en apenas dos semanas es muy complicado lograrla.
2. Un mínimo de 1.000 palabras cada día: 1.000 palabras pueden parecer mucho porque realmente lo son. Este post no llega a tal cantidad. Piensa que un libro debería tener de media unas 50.000 palabras. Si logras mantener esta disciplina podrás tener un primer boceto después de 50 días.
Permitidme que os diga que este señor no se ha visto nunca metido en ese berenjenal mejor conocido como NaNoWriMo

Bromas aparte, lo primero que quiero aclarar es que la premisa de escribir a diario realmente es muy positiva. Aunque en mi experiencia, puedo afirmar que marcarse unos mínimos algo elevados no suele ser muy positivo. Que sí, confieso que cuando hice el NaNoWriMo, los días que podía escribir me salían 2.000 palabras sin demasiados problemas. Pero para obtener tal cantidad de palabras lo cierto es que solía necesitar unas dos o tres horas sin descansos y sin pararme a revisar o corregir. ¿Qué pasaba si lo hacía? Pues que ya no eran dos horas, sino cuatro. Y creedme cuando os digo que había personas que para llegar al objetivo de 1.667 palabras diarias sufrían ocho horas delante del ordenador.

Cada persona es un caso. Cada cual sabe cuáles son sus límites. Sí, a veces hay que forzar esos límites, pero dentro de objetivos realistas. Y para empezar a escribir, 1.000 palabras diarias me parece un tanto excesivo. Especialmente si, siguiendo la premisa del post, no andas precisamente sobrado de tiempo.

Otro detalle que quiero hacer notar es que un libro no tiene por qué tener una extensión fija. Hay libros muy cortos que son sublimes y otros que son más largos y tediosos que un día sin pan. Y lo mismo sucede a la inversa. Lo importante no es el número de palabras, si no lo que quieres transmitir. Si puedes transmitir lo que deseas en tres líneas es tan válido como si lo deseas hacer en 300 páginas. La cuestión es hacerlo, y bien.
3. Trabaja en tu hora creativa: para muchas personas es la mañana pero no tiene que ser necesariamente tu horario perfecto. Dormir lo suficiente es otro factor que según estudios ayuda a ser más creativo. Si no sabes lo que es la mejor hora para ti haz pruebas para ver en qué momentos te es más sencillo para que las palabras salgan de manera fluida de tu cabeza.
Volvamos a la premisa que hace el post original: escribe un libro rápido si no andas muy sobrado de tiempo. Pues, presupongo, si no puedes gozar de mucho tiempo libre, hay que hacer un esfuerzo titánico para reservarte el mejor momento del día para escribir. Y eso considerando que sea una hora normal, porque como sea una hora intempestiva... La de maravillas que se pierden en la profundidad de la noche...

La cuestión es que si no gozas de demasiado tiempo libre, en muchos casos no puedes reorganizarlo, ya sea por trabajo o estudios. Así que lo poco que tengas debes maximizarlo en pos de escribir, no buscando tu hora creativa. Recomendable, ¿pero y si no es posible? Esto suena a contradicción como una casa, me temo...
4. Júntate con varios autores: si no logras escribir un libro tu solo júntate con 2 o 3 personas. Trabajar en equipo es un reto pero si son gente con la que te entiendes bien puede ser una alternativa a la redacción solitaria.
Esta podría ser una buena alternativa de no ser porque, entre una cosa y otra, acabas tardando lo mismo que si te lanzas a escribir un libro solo. ¿Por qué? Porque todo el tiempo que tú te ahorras en redacción, lo necesitarás para organizarte con tus compañeros de libro, eso sin mencionar el proceso previo de documentación y el posterior de corrección. Lo comido por lo servido.

Aun así, admito con toda humildad que ser coautor tiene la ventaja de que tú puedes centrarte en el tema que más domines, mientras tu compañero puede centrarse en lo que mejor se le dé. Al final puede quedar un resultado muy bueno, pero solo si todas las partes se esfuerzan.
Mientras que sepas escribir puedes convertirte en autor de libros. Cualquiera puede lograrlo. Es muy gratificante tener el resultados final entre manos y saber que has tenido que trabajar duro haciendo sacrificios durante un tiempo para lograrlo.
Y, por fin, el último párrafo. Y puede que uno de los más irritantes. Regreso a mi tesis inicial. El saber juntar palabras no te hace escritor. Lo que sí te hace escritor es dedicarle un poco de tiempo cada día, leer mucho y estar dispuesto a aprender, pero siempre escribiendo. Este es uno de esos oficios en los que realmente nunca terminas de aprender. Siempre hay algo nuevo que hacer. Y, si además, lo ves como un acto mecánico que no te produce ninguna clase de placer mientras lo haces, lamento decirte que escribir no es para ti. Así que eso de "Cualquiera puede lograrlo", por muy estimulante que sea, no deja de ser una falacia. Porque de falacias con suerte anda el mundo editorial sembrado.

¿Mi conclusión? Un libro es como una planta. No puedes esperar que brote en pocos días. ¡Y muchísimo menos que te dé frutos! Debes dedicarle tiempo y cariño. Disfrutar mientras la ves crecer gracias a los cuidados que le das. Y, cuando sea el momento, será cuando tu planta (o tu libro) estén mejor que nunca gracias a todo lo que has hecho.

Post Data: Os publico (en imagen) un comentario que resume mi sentir tanto por este asunto como por la autopublicación en Amazon. No sería la primera vez que, aprovechando alguna oferta, he bajado algún libro gratis y arrepentirme según comienzo a leerlo.


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