19 de diciembre de 2013

Capítulo 8 - Buscando... ¿Inspiración?


Castlevania, una buena inspiración desde siempre.

Lidiar con un bloqueo no es fácil. Sobre todo si este bloqueo te lleva acompañando cual losa de hormigón desde hace la friolera de diez meses. Y, por eso, como está visto que si no muevo ficha de alguna manera no voy a progresar, trato de hacer todo lo posible para que termine mi bloqueo. ¿Todo? Todo.

Me planteo seriamente jugar algún Castlevania. Aunque ya he jugado a unos cuantos y puedo corroborar que son buenos juegos salvo el de 3DS, ese fuchi. También intento escuchar música que pueda darme alguna idea sobre cómo seguir desde el punto en el que me he quedado atascada. Y, sobre todo, busco alguna lectura.

Y ahí fue cuando entró Wattpad en escena.

Como mi nuevo móvil me permite instalar aplicaciones Android, cotilleando un poco en Market encontré la aplicación. Y como decían que se podía leer gratis, pues me dio por probar. ¡Pero sorpresa! La última versión de la aplicación no es compatible con mi móvil. Después de una pequeña búsqueda de una versión antigua, pude instalar la aplicación sin problemas. Y ahí fue cuando me di cuenta de que había cometido un gran error.


Eso, damas y caballeros, fue lo que encontré explorando la sección de vampiros. Fan fics. Toneladas de fan fics. La inmensísima mayoría de Crepúsculo y de One Direction. Milagrosamente, la aplicación se libró de ser desinstalada ipso facto. Pero era ir curioseando y ponerme cada vez peor. Porque todo era más de lo mismo. Porque no encontraba nada que realmente quisiera leer y/o pudiera inspirarme en cierta manera.

Comprendo que el mito del vampiro está impregnado de un erotismo bastante fuerte. No en vano, a Drácula en más de una ocasión se le ha atribuido más de una novia o poderes de seducción que ya quisieran muchos humanos para sí. De hecho, se suele considerar a las vampiresas como femme fatales que solo buscan obtener placer a costa de humanos que caen rendidos a sus encantos. Pero de ahí a convertir a sus ídolos en unos simple donainmortalidades prácticamente humanos hay un trecho muy, pero que muy grande.

De ahí que directamente haya perdido todo interés en esa página. Porque busco algo bastante concreto. Algo que explore la naturaleza depredadora de un vampiro. Ese lado oscuro que hace que se olvide de todo con saciar la sed de sangre que taladra su existencia con toda clase de tormentos, físicos y psíquicos. Por no hablar de otros elementos similares que voy a necesitar sí o sí y que no encuentro.

Es lo que pasa cuando quieres algo radicalmente diferente a supuestos señores de la noche que brillan a la luz del sol o, simplemente, huir del mito mainstream para darle un poco más de coherencia al asunto, aunque solo sean mitos y siempre va a haber más de una versión. Que cuando empiezan a surgir preguntas complicadas, la respuesta a esas preguntas suele ser más complicada todavía.

15 de diciembre de 2013

Capítulo 7 - Guaridas


Poco a poco me voy asentando en algunos sitios que me pueden parecer interesantes para desconectar y conseguir escribir algo que o sean venganzas estúpidas e inconexas. Cosas de la energía negativa que dejó alguien en esa casa, me imagino...

Ayer fui a escribir donde dije: el Pans del ayuntamiento. Quitando la escena navideña del centro, lo cierto es que fue una hora y media bastante productiva, puesto que conseguí dejar muy claras las bases de un elemento que necesitaré desarrollar en un futuro. En cuanto a hoy, estoy en el sitio que veis en la foto. Por lo que parece, es un local especializado en la venta de churros y chocolate, aunque supongo que tendrán más cosas.

Llevo una media hora y nadie ha venido a echarme la bronca. De hecho, ni siquiera han venido a ver si quería algo, a pesar de que esta terraza pertenece claramente al local. Y la hora y media de ayer en el Pans igual. Hasta pude merendar con cosas que había cogido de mi casa sin que pasara nada. Nada salvo un tipo que se quedó embobado conmigo. Es una historia poco interesante, la verdad.

Obviamente, no haré esto todos los días. Primero porque mi trabajo no me lo permite. Y segundo porque no es lo mismo que se te siente alguien random en la terraza una vez o dos a la semana que todos los días, puesto que esa silla y esa mesa que se ocupan son parte de tu negocio, aunque sea invierno. Por eso voy a tratar de tener dos sitios en Torrent y otros dos en Valencia. Para ir rotando. Por si alguna vez estoy demasiado inspirada o necesito escribir algo en un ambiente que no me afecte negativamente. O simplemente para no arruinarme en viajes en metro.

Espero que esto me ayude a estar un poco mejor. Llevo desde febrero sin poder escribir una palabra a derechas en Crónicas del Sol Oscuro. Aunque antes tenía excusa por el hecho de que mi otro ordenador estaba prácticamente en siniestro total o que no tenía tiempo, ahora que podría dedicar fácilmente tres horas al día como mínimo y tengo un equipo propio que funciona relativamente bien no tengo excusa para no intentarlo aunque sea. Y me duele estar así de bloqueada, porque en cierta manera esa historia es mi alma. Y si por lo que fuera no consigo escribirla, no me iría satisfecha.

Ojalá esto me ayude. Ojalá.

12 de diciembre de 2013

Capítulo 6 - Preparando mis cosas


Vale, aún no tengo un sitio fijo que me guste para escribir. De hecho, aún sigo a la caza y captura de ese sitio en el que pueda pegarme horas escribiendo sin que me pasen cosas extrañas, como camareros mirándome mal, gente demasiado curiosa o hombres aleatorios intentando ligar conmigo. No, no os riaís, que ayer me pasó. Historias que no vienen a cuento.

Mi plan es ir el sábado (espero que por la mañana, aunque no depende de mí) o el domingo a un sitio en el que ya he estado muchas veces y en el que tengo la total y absoluta certeza de que se puede estar sin hacer consumiciones sin que los empleados del lugar te miren como si fueras la cosa más gorrona del universo. Me refiero al Pans del Ayuntamiento.

He de confesar que no es exactamente lo que quiero, ya que las mesas exteriores, al estar a la intemperie, son un lugar demasiado vulnerable para mi gusto. Pero sabiendo que ahí puedo estar sin que nadie me moleste, me es suficiente, de momento. Aunque si voy algún día por la tarde corro el riesgo de verme envuelta en una de esas épicas guerras entre jubilados por hacerse con una silla libre para sentarse. De todas formas, con el frío que hace, no creo que haya muchos valientes por esos lares.

Confieso que, a pesar de todo, me hace ilusión. Porque soy consciente que necesito alejarme de esta casa para no sentirme tan mal. Y porque de momento me estoy dedicando a trazar algunas ideas para cuando sea capaz de retomar Crónicas del Sol Oscuro. De ahí todo lo que veis en la foto, aunque sea un poco de lo que necesitaré llevar encima.
  1. Diario (?): Aquí es donde apuntaré mis ideas con su consecuente desarrollo para poder usarlas llegado el momento. Ya tengo alguna que otra cosa escrita, pero tengo tal cacao de ideas ahora mismo que más me vale ir dejándolas desarrolladas si no quiero volverme loca.
  2. Portalápices: Aquí llevo lo más socorrido que necesitaré para escribir, tales como mi famoso lápiz de culo verde; bolígrafos Bic azul, rojo, negro y verde; una goma Milán blanca y un afilador, que como casi todo el set, es de Yu-Gi-Oh! GX.
  3. Estuche: Esto es la reliquia de mi colección personal. Básicamente porque lo tengo desde hace unos cuantos años (creo que cuando empecé bachillerato...) y lo encontré en un bazar chino. Como todo, la verdad. Pero no comparemos Valencia con una isla al lado de África. No comparemos. Resumiendo: aquí llevo más material, pero que no importa que tenga más escondido, como lápices y gomas de repuesto, una regla para subrayar, cinta adhesiva u otro afilador, más grande y aseado.
Llevo más cosas, como una carpeta con folios por si necesito escribir algo aparte de mis ideas. O, si veo que no me es demasiado problemático llevarlo encima, mi netbook con la batería a tope. Aunque si es para mirar algún dato puntual, siempre puedo contar con mi móvil. Ay, quiero que sea sábado ya >.<

10 de diciembre de 2013

Capítulo 5 - Buscando sitio


Es hora de que lo admita de una vez por todas. No me gusta escribir ni una sola palabra en esta casa. Siento que hay un algo (llámalo energía) que no me sienta precisamente bien. Por ello, si permanezco demasiado tiempo en esta casa, empiezo a sentirme mal sin lógica alguna. Lo peor es que esa sensación de angustia y malestar se acentúa cuando tengo que bajar al sótano. ¿Será porque hay un pequeño santuario personal cristiano ahí debajo? Creo que es mejor que no lo sepa por el momento.

Aparte de esta cuestión, lo cierto es que mi habitación no es el lugar idóneo para escribir. Cierto es que tengo un espacio mio personal y que, quitando un par de sucesos, es inviolable. Pero no tengo un escritorio o nada parecido donde pueda sentarme alguno de los ratos en los que estoy sola en casa y escribir algo. Lo que sea.

Entonces comprendí que no me quedaba más remedio que buscar un sitio. Fuera.

Empecé por lo más sencillo: corretear por donde vivo a ver si por un casual había alguna cafetería o bar que me gustara, no muy caro y en el que no me miraran demasiado raro por ir, posiblemente, a gorronearles un enchufe y wi-fi. Aunque solo fuera, como mucho, un sábado y un domingo. Pero parece que, de momento, no existe tal perfecto lugar...

Por suerte, alguien me recomendó una cafetería literaria en Valencia. Y como no vivo muy lejos de allí, fui el sábado con mi mochila y mis cosas a probar suerte. Después de llegar, perderme, tener que encontrarme gracias a mi nuevo y pijo móvil y, por fin, encontrar la calle, pensé que había llegado a una especie de paraíso. ¡Qué equivocada estaba!

Os seré sincera. Ni siquiera pude entrar. Se ve que en ese momento estaban haciendo alguna actividad y había una cola para entrar bastante impresionante. Y cuando me di cuenta de que por dentro era todavía peor, supe que aquel sitio no era para mí. Es decir, lo poco que vi me hizo ver que mi viajecito hasta allí había sido únicamente para gastar dos viajes de mi abono de metro. Y así fue como ese día no escribí ni una mísera palabra, aunque pude cotillear en alguna tienda del centro antes de volverme a casa.
Todavía sigo buscando sitio para escribir. Lo cierto es que mientras sea acogedor, no muy caro y esté en Valencia o por su zona metropolitana (preferiblemente en Torrent) me es suficiente para ir a mirar, probar, y ver si es el sitio que necesito. Prometo contaros por aquí cómo me ha ido si es que me hacéis llegar alguna recomendación.

4 de diciembre de 2013

Capítulo 4 - NaNoMoFo

Te cojo la imagen prestada, Patrick~

Al contrario de lo que pensaba el día 1, este año ni NaNoWriMo ni narices. Y todo se resume en una razón: la vida es cruel.

Tenía algo sobre lo que realmente quería escribir. Tenía una motivación fuerte y sincera para hacerlo. Tenía los medios. Tenía hasta el tiempo para ello. Lo tenía todo. Y me quedé sin lo más importante.

Sé muy bien por qué ha pasado. Y lo cierto es que, ahora mismo, mientras menos mencione la causa, mejor para todos. Podría contaros como me siento a nivel personal con todo esto, pero yo no he venido hasta aquí para escribir sobre ello. Estoy aquí para dar la visión literaria del meollo. Podréis compartirla o no, pero no podréis discutir mi sinceridad respecto a lo que siento.

Escribía con la ilusión del: "Sé que todo esto acabará pasando algún día. Tarde o temprano, pero pasará". Solo por eso. Y esa premisa, aunque parezca absurda e insignificante, me daba fuerzas para escribir, aunque empecé con Inicio Lento (?). Confieso que escribir me hacía tremendamente fuerte y me daba más ilusión para afrontar la situación. En resumidas cuentas: era feliz escribiendo.

Pero pasó. Ojalá pudiera haberlo evitado. Pero pasó. Sin entrar en dramatismos extensos y gratuitos: me jodieron viva y hasta muerta. Entonces, la premisa que me ayudaba a escribir se invirtió totalmente y se convirtió en: "Se acabó. Ya ni siquiera sé si esto algún día será real. Y lo que es peor: estoy perdiendo la esperanza de que así sea."

Y lo dejé en 13.725 palabras.

Soy consciente de que, en el caso de un escritor de fantasía, lo que escribe tiene posibilidades prácticamente nulas de volverse real. El problema es que, cuando abandono el campo seguro que me es la fantasía y me sumerjo en algo más personal, las premisas de la fantasía me vuelven una sujetalápices totalmente indefensa ante las nuevas normas. Y siento que es eso lo que me ha pasado.

No sé si volveré a participar en algún NaNoWriMo. Aunque ha sido una experiencia enriquecedora, confieso que ahora mismo guardo recuerdos bastante negativos. No solo por todo lo que he escrito, sino porque conocí la competición gracias a alguien que ha decidido salir de mi vida. Y prefiero no estar todos los noviembres del resto de mi vida comiéndome la cabeza por alguien que ya se ha ido.

De hecho, ni siquiera sé si acabaré el texto que estaba escribiendo.

Recordadme que si alguna vez consigo tener mi propio grupo de música, escriba una canción titulada Bury me in november o algo por el estilo. Y eso que era mi mes favorito...

31 de octubre de 2013

Capítulo 3 - #TangothForNaNoWriMo


Definitivamente, se me ha ido la cabeza.

La vida, que da muchas vueltas. Tantas vueltas que te mareas. Un dolor de tripa bastante fuerte, en mi caso. La cuestión es que desde ayer me siento enferma. Tanto que, sentada en el sofá, sentía como la consciencia quería abandonarme. O eso o que la sangre no me llegaba bien al cerebro. Algo de eso, fijo.

La cuestión es que, de purísima casualidad, me encontré con este link en mi TL de Twitter. Y lo abrí. Después de leerlo, recordé a mi buen amigo Hadita. También recordé que estoy bloqueada. Muy bloqueada. Y, en ese momento, como quien no quiere la cosa... ¡CHAS!

En resumidas cuentas: he aceptado el reto suicida de escribir una novela de 50.000 palabras en noviembre, del día 1 al 30. Solo noviembre, ojo. Podría haber seguido con Crónicas, como me ha dicho Hadita, pero no tendría el mismo mérito teniendo en cuenta que ya llevo alrededor de 40.000 palabras de trabajo. Y justamente un personaje de Crónicas es la causante de mi bloqueo.

Así que, desafiando como una valiente mi bloqueo, he decidido empezar algo nuevo. Ya tengo un título y una idea que seguir. No será la gran cosa (cantidad sobre calidad (?)), pero si me estiro un poco me veo capaz de llegar a la meta de 50.000 palabras sin demasiadas penas. Eso sí, a saber si podré empezar mañana, teniendo en cuenta que las niñas estarán todo el día aquí, de fiesta. Y el finde, igual. Que tendré que ponerme las pilas durante el poco tiempo que disponga. Pero puedo, ¡vaya si puedo!

Ah, para los que os lo preguntéis... No, personitas, no, no voy a dejar colgadas las Crónicas del Sol Oscuro. Básicamente porque NO. Y aunque Selina sea muy puta, sé que en algún momento saldré del atolladero que me ha causado esta señorita. Y entonces podré acabar El despertar. Espero que pronto, pero no durante el NaNoWriMo...

8 de octubre de 2013

Capítulo 2 - Lápices


Una de mis muchas manías al escribir es hacerlo con lápiz. ¿Por qué? Me gustan los trazos finos y oscuros. No sería la primera vez que me dicen. "¿Pero por qué no usas portaminas? Son lo mejor para lo que te gusta". Sí, pero para mí el portaminas tiene dos inconvenientes:
  1. Aprieto demasiado al escribir. Por lo tanto, en nada y menos rompo la mina.
  2. El gasto adicional que supone ir comprando minas cada X tiempo. Esto se ve agravado por el hecho de romper con frecuencia las minas.
Por eso el lápiz gana de cabeza al portaminas. Es resistente, cómodo, solo pagas el precio del lápiz en lugar de pagar el portaminas más las minas y además... ¿Habéis olido alguna vez un lápiz nuevo? ¿No? Pues aunque sea algo complicado de describir, es un aroma entre a madera tratada y material nuevo que se me hace muy agradable. Siempre me pasa que cuando estreno lápiz me paso más tiempo oliendo que escribiendo.

La cuestión es que he comprobado que, en mi afán por obtener trazos finos, afilaba más de lo debido mi lápiz, un Staedtler 2-HB. También conocidos como los del culo rojo. Un lápiz normal y corriente, vaya... la cuestión es que un lápiz no es infinito, si no que se va gastando a medida que escribes y afilas. Y claro, afilar en demasía al final acaba suponiendo un gasto tonto. Y, por eso, ayer, aprovechando mi paseo de la tarde para desconectar, me puse a investigar.

Lo más barato hubiera sido comprar los típicos lápices de bazar chino que vienen en blisters de tropecientos mil y que cuestan bastante asequibles. Pero la experiencia me dice que esto también es un gasto muy tonto. Básicamente porque la calidad de las minas es inferior y se te puede romper simplemente por caerse al suelo. Y claro, que se rompa la mina de un lápiz es un problema. Pero dado que los lápices Staedtler son fáciles de encontrar y tienen una gran relación calidad/precio, me puse a buscar estos.

Encontré un lugar donde vendían bastante tipos de lápices de esta marca. Y yo, ni corta ni perezosa, me puse a probarlos, con permiso de la mujer de la tienda. Y, al final, me decanté por un culo naranja. O lo que es lo mismo: un 0-2B. Y contenta como una niña con zapatos nuevos, me fui a casa.

Después de cenar, me puse a escribir. Y, poco a poco, mientras avanzaba, me di cuenta de que el trazo era oscuro como la noche, cosa que me gustaba. E problema es que el trazo era más bien grueso. Aparte, a consecuencia de eso, me fue necesario afilar dos veces. Una para empezar y otra para continuar. Y eso habiendo escrito, a lo sumo, una cara de cuartilla.

Para los iletrados en este asunto: había comprado un lápiz blando.

O lo que es lo mismo: un lápiz que apenas ofrece resistencia a la escritura. Muy fácil de borrar. Pero mancha más y la mina se desgasta con más facilidad. Además, no deteriora el papel. Justo todo lo contrario a lo que yo andaba buscando. Y ahí fue cuando me puse a informarme.

Pasa y resulta que la marca Staedtler, aparte de usar las letras para designar la dureza de sus lápices, también usan un número para ello. Esta escala va del cero al cuatro, siendo el cero el lápiz de culo naranja (extrablando), el dos el del culo rojo (intermedio) y el cuatro el de culo verde (extraduro). Y mi equivocación vino a raíz de probar los lápices. El naranja y el negro fueron los más cómodos para escribir. Casualmente los dos modelos blandos que se pueden encontrar con facilidad.

Después de leer un buen rato, llegué a la conclusión de que, la próxima vez que necesite un lápiz nuevo, probaré a escribir con un culo verde. Aunque mi trazo será muy fino, apenas tendrá oscuridad. También me costará algo borrar si me equivoco y hasta podría dañar el papel al escribir. Pero no puedo tener un trazo fino y oscuro. No al menos con lápices estándar. Y mi economía no está como para andar comprando lápices técnicos para dibujo cuando no los voy a usar ni por asomo para eso.

Al menos ayer me fui a dormir sabiendo un par de cosas más. Como la razón por la que siempre en el cole nos piden lápices 2-HB o el porqué de las quejas de los que estudian Bellas Artes sobre el dinero que deben gastarse en sus materiales. Sean lápices o no.

24 de septiembre de 2013

Capítulo 1 - La libreta


Ella es una libreta. Tal vez no sea la más bonita. Tampoco será la que más páginas tenga para escribir. Pero el significado que tiene es algo que, casi con toda probabilidad, no pueda encontrar en otras libretas, ya sean iguales o diferentes.

Empecé a escribir en ella con el único objetivo de convertirla en un regalo para mi actual pareja.

La historia sobre cómo me hice con ella es bastante simple. De hecho, un día me animé a escribirla, aunque cambiando deliberadamente ciertos detalles para hacer un pequeño cuento algo chistoso y simpático. Aunque lo cierto es que el escribir en o sobre ella es mucho más complicado de lo que parece.

Al margen de lo que contara en ese pequeño cuento, lo cierto es que todo lo que se pueda considerar auténticamente obsceno y/o erótico apenas es un cuarto de lo que llevo escrito, ya que he preferido centrarme en la parte tierna de toda relación de amor. Y aquí es donde entra la verdadera dificultad al escribir la libreta.

Mi estilo de escritura no se acerca absolutamente nada a lo que se suele calificar como literatura romántica. Ni siquiera creo que me acerque ni por asomo a la literatura erótica. Ojo, no me refiero a este auge que ha tenido por cierta saga de dudosa calidad. Pero volvamos a mí. Me veo tan nula para estos estilos que una vez bromeé con un amigo mío bastante cercano sobre la prácticamente nula posibilidad de ganarme la vida como escritora erótica. Intentó decirme que no era cierto, pero es un género en el que, sencillamente, no me siento especialmente cómoda.

Y, sin comerlo ni beberlo, casi como empezó mi relación, me vi escribiendo una libreta con estos dos géneros. ¡DESQUICIADA! Y, para mi sorpresa, al principio iba bien. Al principio...

Y empezaron los bloqueos. Bloqueos como psicocandados. Bloqueos que me impedían escribir lo que quería. Bloqueos que me obligaban a dejar la libreta muriendo de risa en alguna de mis carpetas mientras mi enamorada mente me torturaba con imágenes que, por vuestro bien, prefiero no describir por aquí. ¡Vivan los bloqueos!

Así, con este panorama tan divertido, llegamos a agosto. Por azares de la vida, pude ver a mi chico justo cuando hacía cuatro meses con él. Decidí llevar mi libreta para que pudiera echarle un ojo y así, como decimos los aficionados a los videojuegos, meterle hype en el cuerpo.

Pudo leerlo todo. Excepto un relato. El más largo y, justamente, el que más me había gustado escribir.

Solo pudo con un párrafo. Y, a juzgar por su cara de asombro, sus reacciones corporales y hasta los «HAAAAAAAAALA», supe que aquel relato era demasiado explosivo hasta para él. Se me había ido muchísimo la mano. Y repito: solo con un párrafo.

Después de ese día, exploté en una ola de creatividad que me hizo llenar la mitad de lo que me quedaba. Era tan rápido que pensaba que iba a poder terminar mi regalo justo para el día que habíamos acordado.

HOY.

¿Qué ha pasado? ¿Por qué os estoy contando todo esto en lugar de pasar la tarde con el motivo de mi felicidad? Simple: cosas de sus padres. Me odian. Porque sí. Admiten que sé escribir, sí. Pero me odian igualmente por pensar que seré una «mala influencia» para su hijo. Me ahorraré los comentarios porque este no es el lugar para ello.

Lo único bueno de todo esto es que aún no he terminado con la libreta. Aunque ayer me quedé hasta tarde escribiendo, aún me quedan 14 páginas que llenar. Y aunque sean páginas de tamaño cuartilla, entre mi actual situación personal y mi falta de inspiración debido a cierto cúmulo de cosas harán que me cueste terminarla. Aunque seguramente para la próxima vez ya la tenga lista.

Pero volvamos al punto sobre el que me gustaría insistir. No soy una escritora romántica, ni me apetece serlo. Tampoco soy una escritora erótica. Aunque, tal vez con práctica, motivación y alguna que otra experiencia «traumática» podría llegar a serlo. Pero, a día de hoy, mi estilo se reduce a la fantasía. Fantasía combinada con casi cualquier cosa. Pero fantasía al fin y al cabo.

Lo bueno que estoy descubriendo gracias a esta libreta es que, en el fondo, con un poco de voluntad y ganas, cualquiera es capaz de escribir lo que quiera. Pero claro, en este punto es donde entran cualidades como la constancia y la perseverancia. «El que la sigue, la consigue», como reza el dicho. Además, gracias al esfuerzo que me supone escribir algo totalmente fuera de mi estilo general, estoy descubriendo cosas de mí misma. Agradables y desagradables. Pero autoconocimiento al fin y al cabo.

Si todo sigue su curso, sé que terminaré la libreta. Y no me sentiré como estos días atrás con prisa para terminarla. Prisa que no me ha servido para nada. Y así, cuando termine, podré reanudar otros proyectos pendientes. Y que, con un poco de suerte, podrían reportarme mucha felicidad personal, que es lo más importante.

20 de septiembre de 2013

Prólogo - Yo

¿Es fea? SOY YO, PEDAZO DE GILIP-


Me llamo Ainara. No diré los apellidos. Si rebuscáis un poco los encontraréis fácilmente. Aparte, por alguna razón, no me gustan. Especialmente el de mi madre. Tengo 22 años. O eso al menos dice mi DNI. Aparte de ciertas cosas que me hacen radicalmente diferente al resto (soy gótica, agnóstica y Síndrome de Asperger, menuda mezcla...), hay algo por lo que siempre, siempre, me gustará distinguirme del resto de la gente.

Soy una escritora vocacional.

No os confundáis. Que me considere como tal no me convierte ni en mejor ni en peor. Simplemente soy una más, aunque mis motivos vengan desde hace tiempo. Siempre he tenido mucha imaginación. Tanto que casi todos los que me conocen piensan seriamente en la posibilidad de que esté realmente chiflada. Desde niña, siempre me ha resultado muy fácil escribir de manera correcta, tanto, que mis profesores creían erróneamente que mis padres me ayudaban en las tareas, cuando normalmente ni me molestaba en hacerlas por considerarlas insultantemente sencillas para mi capacidad intelectual. Y, además, también me gusta leer. Aunque a mí me sucede algo un tanto especial: no encuentro ninguna historia que me satisfaga completamente. De ahí mi rechazo a prácticamente todo lo que acabo leyendo. Son historias que no me transmiten nada. Vacías. Frías. Sin nada que sea realmente capaz de conmoverme.

Aquí es donde entra la que yo considero la función primordial de todo escritor: escribir justo lo que desearía leer.

No sería la primera ni la última vez. Recuerdo que empecé a escribir a raíz de descubrir los fanfics. Aunque pronto me di cuenta que ajustarme a un mundo y a unos personajes no creados por mí no me era suficiente. Y me pasé a los Universos Alternativos. Tampoco era lo que buscaba. Empecé a mezclar personajes originales y personajes tomados de anime. Pues tampoco me servía.

También traté de adaptar algo que había escrito como un fanfic en un libro serio. Y, a medida que escribía, la idea me iba pareciendo tan absurda que terminó en un cajón del escritorio de la que era mi habitación en casa de mis padres. Siempre y cuando mi madre no haya hecho una de sus obsesivas limpiezas generales, claro está...

Asimismo, tuve un efímero paso por la universidad, que únicamente me sirvió para darme cuenta de algo que dijo uno de los profesores a los que más respeto he tenido en mi vida: «Si lo vuestro es escribir, idos de aquí y escribid en vuestra casa, porque aquí no hacéis nada». Gracias por tus palabras, Pepe, porque eso es justamente lo que ha sucedido. ¿De qué me sirve que hasta mis padres se sacrifiquen por mí si lo que estoy aprendiendo no me va a servir a la hora de ponerme delante de un folio en blanco?

Seamos sinceros: por mucho que sepas de literatura y del funcionamiento de la lengua, tal erudición no te va a servir cuando trates de contar una historia. Porque escribir es justamente eso. Contar una historia. Y pasa y resulta que cada persona, cada narrador, tiene su manera de hacerlo. Y aquellos que realmente amamos adoptar tal rol nos esforzamos para hacerlo lo mejor posible, sin descuidar nuestra propio estilo. Nuestra luz personal. Nuestro sello.

Y, hasta que no aprendí una lección tan simple pero tan complicada a la vez, no fui capaz de dar ~*EL SALTO*~. Escribir algo solo mío. Algo que, sin saberlo realmente, era lo que yo deseaba leer. Lo que yo quería escribir con todas mis fuerzas. Y lo mejor es que sé que es un viaje que apenas acaba de empezar.

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